Fundador de la Orden Hospitalaria y Patrono Universal de los Hospitales, Enfermos y Enfermeros.

La persona que se inmortalizó como Juan de Dios, nació en Portugal con el nombre de Joao Cidade (“Juan Ciudad” en portugués). Su nacimiento tuvo lugar en un pequeño pueblo llamado Montemor-o-Novo, ubicado a unos 100 kilómetros de Lisboa, hacia el centro del país.

Nació en 1495, tres años después del descubrimiento de América, justo cuando el mundo comenzaba una etapa de cambios y revelaciones de la que él no estaría ajeno. Digno hijo del Siglo que comenzaba, de pequeño lo movilizó la curiosidad y sus ansias de aprender.

Los comienzos del Siglo XVI trajeron consigo infinidad de conflictos bélicos. Las guerras e invasiones eran moneda corriente en aquella Europa convulsionada y en permanente metamorfosis.
El ejército fue la excusa que encontró Juan para poder viajar y conocer otros horizontes.
También vivió en primera persona el sufrimiento del ser humano y la amenaza constante de la muerte para terminar de comprender que la violencia era el peor enemigo del hombre.
Finalizada su experiencia bélica, comenzó para Juan una nueva etapa de aprendizaje y mucho andar.
Fue entonces que comenzó a variar destinos y profesiones: pastor en Sevilla; constructor de murallas en Ceuta; vendedor de libros en Gibraltar y finalmente Granada.
El 20 de enero de 1539, con 43 años, Juan comenzó su conversión a Juan de Dios. El sermón de Juan de Ávila, durante la fiesta de San Sebastián, hizo eco en su mente y alma.
Fue tal su cambio, que lo llevó a destruir los libros que vendía y comenzó a caminar por las calles gritando con alegría. Los que conocían a Juan, lo respetaban como un librero serio y educado, y ante su comportamiento extraño, pensaron que había enloquecido.
Por ese motivo fue internado en el Hospital Real de Granada. Durante su estadía, Juan pudo tomar nota de cómo se trataba a los pacientes y comenzó a pensar en su nuevo proyecto: “Jesucristo me traiga tiempo y me de gracia para que yo tenga un hospital, donde pueda recoger a los pobres desamparados y faltos de juicio, y servirles como yo deseo.
Juan de Dios fue un visionario, que sin contar con estudios, introdujo cambios no solo en el modo de curar sino también en la gestión y optimización de recursos.
Su hospital funcionaba gracias a una diaria organización, que se adaptaba a la cantidad de pacientes de cada jornada, incorporando criterios, brindando prioridades de acuerdos a la gravedad de los enfermos e incluso atendiendo según las patologías.
Estaba viendo la luz uno de los pilares de la Orden de San Juan de Dios: “Hacer el bien, bien hecho”.
Además de ser patrono de los hospitales y los enfermos, San Juan de Dios es patrono de los Cuerpos de Bomberos Españoles.
Esto se debe a que el 3 de junio de 1549 se produjo un gran incendio en el Hospital Real de Granada. Juan se dirigió al lugar y, sin pensarlo dos veces, se adentró en el edificio en llamas en socorro de los enfermos que estaban dentro.
Solo contaba con 55 años cuando falleció. La neumonía, producida por intentar salvar a un muchacho que se estaba ahogando en el río Genil, fue un padecimiento más de los muchos que su desvencijado cuerpo sufría.
Una vida sin descanso, en permanente peregrinaje, con pocas horas de sueño y siempre al servicio de los demás, deterioró su salud.
El 8 de marzo de 1550 murió en Granada, la ciudad que tomó como propia y desde donde sembró las bases de una misión que iba a superar su muerte para prolongarse por los siglos, atravesar los océanos y ser cada vez más grande.

SÍNTENSIS DE LA OBRA INICIAL DE JUAN DE DIOS:

Desde una especial sensibilidad humano-cristiana y social, salió al encuentro de las personas necesitadas.

No puso condición alguna para su asistencia, actuando con absoluta universalidad. Todo necesitado tiene derecho a ser atendido.

Desarrolló una asistencia cualificada en la medida de sus posibilidades, incorporando criterios y métodos de atención en la época.

Ello llevó a algunos historiadores a considerarlo uno de los creadores del hospital moderno.

Solicitó recursos a toda la sociedad, sin distinción, una llamada a la solidaridad sin fronteras.

Hasta el día de hoy, un grupo de personas dan continuidad a su obra, Hermanos y colaboradores (trabajadores y voluntarios).

En todo ello encontramos un hilo conductor claro:
“la atención integral a las personas enfermas y necesitadas, respetando su dignidad y defendiendo sus derechos.”